Here's the story in Spanish:
El Árbol de los Deseos Mágicos
En lo más profundo de un bosque encantado, donde los árboles brillaban con luz propia y los animales hablaban entre susurros, vivían dos hermanos: Carlos y Lucía. Carlos tenía cinco años y era muy curioso, mientras que Lucía, de seis, era más reflexiva y cuidadosa.
Un día, mientras exploraban el bosque lleno de colores y sonidos mágicos, escucharon un suave murmullo. Entre los árboles enormes, descubrieron un árbol antiguo y majestuoso con corteza brillante y hojas que parecían brillar con un brillo especial.
"¡Mira, Lucía!", exclamó Carlos. "¡Es un árbol diferente!"
El árbol mágico los miró con unos ojos que aparecieron entre sus raíces y les habló con una voz profunda y sabia: "Soy el Árbol de los Deseos. Puedo concederles un deseo, pero deben ser muy cuidadosos con lo que pidan".
Los ojos de Carlos y Lucía se iluminaron de emoción. Carlos, impulsivo como siempre, gritó: "¡Quiero muchos dulces!"
El árbol mágico lo miró con una sonrisa comprensiva. "¿Estás seguro? Un deseo debe ser pensado con el corazón".
Lucía, más prudente, le susurró a su hermano: "Carlos, tal vez deberíamos pedir algo más importante".
Pero Carlos ya había decidido. Con una gran sonrisa, pidió su deseo de dulces. De repente, comenzaron a caer montones de caramelos de todos los colores alrededor de ellos.
Al principio, Carlos estaba feliz. Comió tantos dulces que su estómago comenzó a dolerle. Lucía, preocupada, le dijo: "Debiste escuchar al árbol mágico y pensar mejor tu deseo".
El árbol mágico intervino: "Los deseos tienen consecuencias. No siempre lo que queremos es lo que realmente necesitamos".
Carlos, con dolor de estómago y arrepentido, comprendió la lección. "Tienes razón", dijo al árbol. "Debí pensar más antes de pedir mi deseo".
El árbol mágico sonrió y les dio un consejo: "La honestidad y la reflexión son más dulces que cualquier caramelo. Un buen deseo debe venir del corazón y pensar en los demás".
Lucía abrazó a su hermano y le dijo: "La próxima vez, pensaremos juntos antes de pedir un deseo".
El árbol mágico les dio un último consejo: "Recuerden, los verdaderos tesoros no son los dulces o los regalos, sino el amor, la familia y la sabiduría".
Carlos y Lucía regresaron a casa, habiendo aprendido una importante lección sobre ser cuidadosos con los deseos, pensar antes de actuar y valorar lo realmente importante.
Y así, en el bosque encantado, el árbol mágico seguía esperando a otros niños a quienes guiar con su sabiduría.
Fin.